Jugar al caos. No importa lo demás

Homar Garcés /

De acuerdo a la difusión en redes sociales y algunos medios informativos nacionales e internacionales de declaraciones de personajes de la derecha extremista convocando a marchas de protesta en toda Venezuela, con la excusa de exigir elecciones presidenciales inmediatas, el aumento de salario y el cese del racionamiento y las fallas constantes del sistema eléctrico nacional, se estarían fraguando las condiciones para propiciar hechos de violencia, desestabilizar el pais y, eventualmente, derrocar al gobierno presidido por Delcy Eloina Rodríguez Gómez. Ésto, a pesar de las afirmaciones del presidente de Estados Unidos, el cual ha reiterado públicamente en distintas ocasiones estar de plácemes con el comportamiento del gobierno venezolano, sin considerar las demandas electorales de la dirigencia derechista como algo prioritario; lo que echa por tierra las ilusiones creadas entre aquellos que solicitaron la invasión militar a Venezuela, creyendo llegada su hora para asumir las riendas del poder y acabar de raíz con el chavismo y toda referencia que lo recuerde.

Sin inmutarse en lo más mínimo, ni admitir responsabilidades por sus acciones, esta misma dirigencia derechista -que estuvo durante años suplicando a los gobiernos de Estados Unidos y de la Unión Europea la aplicación inmisericorde de sanciones, bloqueo económico e intervención militar- ahora recurre, igual que en el pasado, a su estrategia de jugar al caos. Sin importar lo demás. En concreto, sin importarle las negociaciones adelantadas por el gobierno y un sector de la oposición radicalizada, en esta ocasión representada por un segmento de aquellos que controlaron la Asamblea Nacional de 2015. A diferencia de estos, María Corina Machado y sus alabarderos en el exterior apuestan al desencadenamiento de hechos de violencia (como los causados por las güarimbas) que obliguen a las autoridades a actuar de acuerdo a las leyes vigentes y echar por tierra los avances obtenidos en los temas que hasta ahora han sido acordados. Lo que sería altamente contraproducente y explosivo, dada la situación deplorable en materia salarial, infraestructuras y servicios públicos, especialmente en el sector eléctrico, que mantiene molesta, por decir lo menos, a la ciudadanía en general. Esto demuestra hasta qué nivel llega el interés de los políticos ultraderechistas por la suerte futura del pueblo de Venezuela, empeñados en arrastrarlo a una espiral de incertidumbre y de reacciones explosivas que termine por ensanchar y profundizar las grietas creadas por ellos en estas dos últimas décadas.

Es claro que las acciones de esta oposición radicalizada tienen objetivos bien definidos. Uno es, evidentemente, de carácter político. El mismo de siempre: posesionarse del poder. Otro, de carácter económico, tratando de agitar las calles con el tema salarial, lo que crearía un escenario de conflictividad social que espantaría a los inversores extranjeros interesados en hacer negocios con el gobierno venezolano. Gracias a esta posibilidad, la situación económica de Venezuela tendería a agudizarse, provocando diferentes dificultades, sobre todo a la gente de menores ingresos. De ahí el interés del gobierno de Delcy Rodríguez por lograr que el gobierno de Donald Trump levante las sanciones establecidas y se llegue a acuerdos bilaterales con otros gobiernos y empresas transnacionales en áreas sensibles para el país, lo que eventualmente contribuiría a una recuperación económica completa, con participación del sector empresarial nacional. Sobre esto último, habrá que observar, sin mucha confianza, la buena disposición de los empresarios locales para sumarse a los esfuerzos del gobierno, en vista de la confrontación y las conspiraciones que han protagonizado desde siempre; algo que podría comprobarse con su apoyo al mejoramiento sustancial de los salarios del sector laboral en todas sus ramas, incluyendo a pensionados y jubilados, o a una reforma laboral semejante a la impulsada recientemente en Brasil.

La estrategia desestabilizadora de la extrema derecha no ha disminuido. El desplazamiento que sufre su principal representante a nivel interno se refleja también en los ámbitos de poder del imperialismo gringo y eso determina el por qué desafía la concordia alcanzada entre Washington y Caracas, convirtiéndose en una incómoda presencia para todos los factores que ahora buscan lograr acuerdos y la estabilización de la nación. En ello también es determinante la actitud del pueblo venezolano. Luego de sufrir los embates violentos de esta oposición derechista y la escasez de alimentos, medicamentos, gas y gasolina, además del hostigamiento de sus familiares migrantes, lo que más desearía es que Venezuela se encauce a un destino mejor. No volver al pasado y, menos aún, a una condición de subalternidad semejante a la padecida bajo el régimen colonial español.

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